domingo, 14 de octubre de 2012

Gusto por Sufrir Capítulos 27 & 28

Después de no sé... mucho tiempo me eh decidido a publicar algo... Tenía tanta flojera de poner otra entrada... no sé porque; pero lo eh hecho finalmente.
Enjoy!!!



27 Hilo desesperante


El auto se sentía diminuto con mí ser adentro. Mi cuñado y mi hermana adelante. Zack se fue solo después de que le prometí que nos veríamos mas tarde. Por que realmente no hablamos. Y no sabía la razón de que él estuviese allí tan temprano.
         -Vallan viendo si la cita fue hecha, tengo que recoger algunas cosas- Nos dijo Jeannette.
         -¿Cita? ¿Aquí? O sea… ¿Veremos a una psicóloga?- Me dirigí a los dos, sin saber quien respondería a mis dudas.
Mark aparcó en frente del pequeño lugar, un consultorio psiquiatra, que tenía a los costados: una papelería y un restaurante bastante elegante para no dejar de ser dudoso.
         -Es como la última vez ¿Recuerdas?- Mi hermana dijo.
         -Si pero, tenía cita para noviembre, septiembre. Y eso era para ver que tan bien estaba mi capacidad mental.
         -Es igual, solo que no es para ti solamente, también es para ver que tan buenos tutores seremos, como caso especial. Bla, Bla, Bla. Sabes como funciona, no quieres explicación.
         -¿Qué, esos quieren ver que tan capaces son?
         -Así funcionan. Criticando a los ciudadanos. - Dijo Mark.
Jeannette se esfumó. Mark y yo entramos. Ahí estaba la recepcionista, en su pequeño y lamentable escritorio. Seguro jugaba Solitario en la computadora hasta que nos vio entrar. Su cara cambió drásticamente.
         -¿Qué tal? Muy buen día. ¿Qué los trae por aquí?
Era nueva, o jamás nos encontrábamos con ella. Tenía pinta de ser muy molesta. Cabello en el corte que mas odio, como si quisiera competir contra hombres en ver cual cabello es mas corto; ya era de edad avanzada, masticaba un chicle, junto a sus palabras. Era una revoltura de verdades con mentiras, debía visitar a la psicóloga para la que trabajaba; y debía hablarle de sus problemas de personalidades.
         -Tenemos cita- Dijo Mark, y le entregó un papel. -Ella lo miró.
         -Es para las once y treinta.
         -Así es.
         -¿Y qué hace aquí?
         -Pues esperar a que nos reciba.- Mi cuñado estaba en el hilo de asustado y confundido.
         -Apenas van a ser las diez y treinta ¿Qué hace aquí?
         -Bueno, queríamos ser puntuales.- Más asustado y utilizó la voz de un niño regañado.
         -¡Pudiendo aprovechar esta hora! - Si que estaba estresada. ¿Quién se estresa pasadas dos horas desde el inicio de la jornada laboral?
Un fuerte olor a tabaco nos llegó de golpe. Las paredes estaban amarillas, deterioradas, ¿Por fumadores? ¿O por las peculiares visitas que debían tener?
         -Ni siquiera hay gente ¿Qué, ni por eso nos pueden atender?- Ya no había niño regañado, ni en su porte ni en su voz.
         -No. No antes; es a la hora que se les especificó.
         -¡Pero cuando llegamos dos minutos después no nos atienden!
         -Si no le parece valla a otro lugar.
         -Iría. ¡Si hubiese otro lugar!
Ellos vivían en Nueva York, pero Mark también era del condado. Antes vivía en esta frívola ciudad. El chico sabía un poco del movimiento. En los últimos años las cosas han sido modificadas. Pero la táctica del mundo es la misma. Y que solo halla un puesto comercial para cada cosa, tampoco ha cambiado.
         -Entonces. Haga lo que quiera. Aquí no se le atiende hasta las once y treinta. Exactos.
         -Gracias.- Pronunció a regañadientes.
Al salir nos encontramos con Jeannette y le contó lo que ocurrió. Ella no se molestó. Fue mucho más tranquila que su curioso esposo. Fueron a comprar comida. Que para el camino sería perfecto. Gran trato; ellos me dejan ir por ahí sin compañía, y yo los dejo estar un rato a solas.







28 Conociéndoles más


Esa tienda era particularmente atrayente a mi nariz (principalmente). Olía a canela. Galletas recién horneadas, y adornos de navidad. Curioso, para ser septiembre. En menos de mi inhalar y exhalar ese peculiar y hogareño olor ya estaba dentro.
Gran sorpresa cuando te encuentras con un lugar así. Parecía una gran venta de antigüedades que nadie se molestaba en comprar. Estanterías de un curioso vidrio verde. Me sentía pequeña dentro de ese lugar; a cada paso era inminente quebrar algo, o la estantería completa.
En el mostrador una señora amigable y regañona (debía visitar a la psicóloga que estaba a unas puertas también).
         -¿Qué necesitas?- Dijo en un aire complacido.
         -Oh, nada en especial. Solo estoy mirando. - Le eché un ojo a las baratijas expuestas.- Este lugar no estaba antes.
         -No. Ya tenemos tiempo aquí- Su voz era muy dura ahora.
         -Valla. Pues yo eh pasado por esta calle y…
         -Tenemos tiempo aquí.- Insistió.

Que curioso que no lo notara antes. Por fuera se veía en extremo pequeñísimo, tan solo una ventana borrosa y una puerta, con ese olor atrayente. Y por dentro un lugar en extremo enorme.

Olor a menta. Era mucho más refrescante que la intemperie. Más al fondo estaba un especie de restaurante, pasando un estrecho y corto corredor.
La puerta chilló, anunciando que alguien más entraba. Brad.  Que primero saludó con la expresión corporal a la señora de enfrente y luego me miró a mí. No era invisible como lo fui en casa de Jordan.
         -¡Mel! - Impactado de verme.- ¿Qué haces aquí?
         -Hola. - ¿Qué mas podía decir a eso?
         -¿Cómo lograste entrar?
         -¿Qué? ¿Cómo que como entre? Obvio ¿no? Por la puerta.
         -Si pero…- Elevó su sonrisa al máximo- Es que, este lugar no lo puede ver nadie.
         -¿Eh?
         -Ya sabes. Lo que te confesamos.- Era el chico repleto de extrañadas para mi. - Este lugar solo puede ser visto por nosotros. Solo saben de él, los shadows- Dijo finalmente ante mi silencio.
Rodé los ojos- ¡Ah Claro! Eso es ¡Taaaan normal!
         -Oye debes saber que, existen muchas cosas que tu aun desconoces de nuestro mundo existencial.- Mencionó orgulloso
         -Si. Amigo, no me sorprendo con facilidad.
         -Aquí venimos a pasar el rato. Hablar sin pena de lo que somos, bromear sobre ello, hablar de estrategias. En Fin. Es como la casa de Jordan, pero cobran.
         -Valla. Ustedes si que son una caja de sorpresas.- Sentí que estaba en medio del dialogo de un estreno en el cine.
         -Ya sabes- Guiñó el ojo. ¿Para mi o para la gruñona de atrás?
         -¡Hey Brad! A ella ¿La conoces?- ¿Era para ella? Si, de otro modo ella ni pío hubiera dicho.
         -Si, es mi amiga.
         -¡¿De cuales?!- Alarmó.
         -De esas amigas. Ahg. No entiendo la pregunta. Solo es mi amiga. Una amiga como cualquiera. Consigue unas.
         -No me apuntes.- Dije, rápido y bajo.
         -¿Cómo es que entró?
         -Es de los nuestros.
         -¿Ah si? ¡Tú! - Me miró desafiante- ¿Qué eres? ¿Shadow, Eternit o un vampiro oculto, que viene a refugiarse?
Me encogí de hombros. ¿Qué pasaba si le decía que yo era una simple humana moribunda? Bueno, una simple humana con problemas comunes y amigos Shadows y medio animales incapaces de trasformarse.
         -No la abrumes.- Dijo Brad, como si leyera mi mente.
         -¿Qué? Solo espero que me diga de cual raza proviene.
         -Aun no lo sé.- Mis palabras salieron por si solas, dejándome desear que pudiese tomarlas y meterlas en mi boca de vuelta.

Abrió los ojos como platos -¿Qué?- Me gritó.
         -Si, bueno mi historia es complicada. Jordan me dejó entrar en su casa tan amablemente- Esperando o creyendo que ella le conociera- Y aun no descubrimos si yo soy una Eternit o una linda Shadow.
Ella tardó en responder… pero se lo tragó todo.
         -Bien, espero que tengas suerte, encontrando tu identidad.
Nos dejó a Brad y a mí, a solas, lo cual agradecí.
         -Valla tienes talento.- Dijo él.
         -Si lo sé.- Me apresuré para decirle lo que me propuse en mi cabeza a hacer.- Es a lo que me dedico a diario.
         -¿A mentir?- Estaba divertido e impresionado.
         -Si, créeme que te lo voy a explicar en cuanto pueda.
         -¿De que estas hablando?
         -Luego te explicaré. Debes saber que mi vida tiene más sorpresas que la tuya.
Me miró extrañado. Expresión dura y calmada.
         -Así que… tengo que decirte unas cuantas cosas.- Continué- Promete que lo que te diga, hoy y ahora, jamás se lo dirás a nadie. Jamás.- Enfaticé.
         -Espera…
         -Solo prométemelo. Ni a Marisol, ni siquiera a Jordan. Y sé que es una carga muy dura (después sabrás por que) pero no lo harás ¿verdad?
         -Eso creo.
         -Haz que me lo crea.
         -Te lo prometo.- Dijo sin vacilar.
         -Bien.
¿En que maldito momento decidí decirle toda la verdad? Sencillo: en el momento en que entró a la tienda; en el momento en que sentí que explotaría sin decírselo a nadie. Sin nadie a quien decirle adiós por mi propio orgullo. Debía hacerlo, para tener este recuerdo de despedida de al menos una persona.
         -Me voy a mudar- Escupí finalmente.
         -¿Eh?
         -Eso lo sabe Marisol. Pero solo eso, no sabe la razón y tú no se lo dirás. Me voy a mudar a una casa que acaba de comprar mi hermana; me voy con ella y su esposo.
         -¿Qué, cuando lo decidieron? ¿Por qué?
         -Lo decidimos desde hace años. ¿Por qué?  Por que yo esto enferma. ¿De qué? No lo sé. Solo sé que con el paso de los días me estoy muriendo. Me muero mas rápido de lo que tú o cualquier persona normal - Interponiendo que él y otras personas cercanas eran- está. Fácil. No llegaré ni siquiera a cumplir veinte.
02 Enero- 2012
         -No entiendo. Mucho.
         -No hace falta. Solo toma los datos importantes… Me mudo por que dicen que para casi el final, voy a necesitar una silla de ruedas. Por que necesito evitar ajetreos como los que la ciudad traen a la humanidad.
         -Debiste decirlo. Pero… Creo que entiendo. -Tardó en seguir:- Al menos dame la dirección. Para en una de esas, visitarte.
Le entregué un pequeño papelito con la dirección escrita en él. Mi hermana lo había escrito, para que me la aprendiera.
Él miró lo escrito en ese trozo, y su expresión era rara.
         -Conozco ese lugar. Creo que no te gustará. Naturaleza, grandes paisajes, y poca recepción para el celular.
         -Aprenderé a vivir con eso.
Alargó una sonrisa.- Ya lo creo.
Iba a decirme algo más. Pero gritos alarmantes detuvieron todo.
         -¡Rastreadores! ¡Vienen Rastreadores! ¡Nos encontraron!- Gritó alguien.
         -¿Por quien vienen?- Alarmó la señora refunfuñona. Se refería a Brad al hablar.
         -Eso no importa. Tessa. Hay que…- La enojona era Tessa. ¿Me iba a servir de algo?
         -¿A quien buscan?- Insistió Tessa.
No existieron más ruidos. Deborah estaba frente a mí. Orgullosa como siempre.
         -Por ella.-Recitó la hermosa pelirroja.
Solo vi vagamente a Brad en el suelo, rodeado de su propio rojo. Tenía un hombro lastimado, un hombro sangrándole.
Todo se tiñó de negro. Ya no estaba ahí. Ya no le podía ayudar.




4 comentarios:

  1. Wow!!!! Menos mal que has colgado mas capis, porque estos son superrapidos de leer. Me encantan!!!!
    By Triss

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  2. *_*
    Me he quedado de piedra...¡qué rápido ha pasado todo!
    Voy a ver si me da tiempo a leerme los siguientes...

    Eres mala dejándolo así jaja ;)

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    Respuestas
    1. hehehe perdón, gracias por leer de verdad Myra :DD

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