Pliegos Entintados

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sábado, 21 de septiembre de 2013

Días Oscuros - Capitulo 3

Sucesos

Intenté buscar a mi papá, realmente me urgía hablar con él, pero abajo había mucha gente, demasiada gente. Mi cabeza comenzaba a doler, todo el cuchichear de mis parientes irritaba mis tímpanos, estaba nerviosa, solo quería volver a la comodidad de mi casa, ir directo a mi cama y esconder mi cabeza bajo las almohadas.

            -Lily, fíjate por donde andas ¿quieres?
            -Perdón tía.- Me giro abruptamente para encarar a Mara. Acabo de pisarle un pie.

Ella solo se limita a mirarme desaprobatoriamente y se marcha, está llevando cosas a su auto, las llevarán a casa de Giselle para la parrillada de mañana.
La tía Estela nos invita a desayunar pero yo digo que no y obligo a mi hermana a decir lo mismo. Ahora ella está reprochándome y está diciendo que tiene hambre y que por mi culpa morirá a causa de su estómago vacío, si claro.

Jadyn, mi irrefutable amiga desde que tengo memoria me llama.

            -Así que, ¿no crees que vallan a volver antes? Tenemos mucha tarea, más de la que puedo contar.-Me dice.
            -No, lo siento, tendrás que arreglártelas tu sola esta vez.
            -Bien, eso intentaré. Pero de verdad haz todo lo posible por volver antes.
            -Trataré. Debo irme.

Cuelgo sin esperar su respuesta. Gina está aquí y me pide que le ayude a picar unas cuantas verduras para lo de mañana. Y para cuando termino ya me pidió hacer otros deberes por ella, quitándome así tiempo para buscar a mi padre y pedirle que volvamos. Tenemos que volver.

Llega la noche, ni siquiera pude dormir bien, no  pude hablar con mi padre en todo el día, cuando creí que podría una de mis tías lo mandó a comprar sodas y cerveza, y podría apostar a que la segunda y última vez que lo vi estaba fumando con uno de sus hermanos. Él no fuma, claro que no pero lo vi.
Y ahora estaba durmiendo con Kennedy otra vez porque ella dice que aún cree que tendrá pesadillas, y realmente no es cómodo estar aquí con las gemelas en un colchón inflable… una de ellas se hizo pipi ayer, mientras dormía.

***

Fuimos directo a casa de Giselle y Carl.
Laura está ansiosa por mostrarles a las primas su habitación. Después ellas volvieron se sentaron en la mesa y comenzaron su desayuno. Yo aún estaba inquieta.

El día anterior no habíamos podido comer mucho, tan solo rebanadas de pan que tomé sin que me vieran. Un plato de cereal que no nos ofrecieron y botanas. Todo por mi extraña desconfianza hacía la casa de Estela. No me parece que debiese tener esos pensamientos, pero era inevitable.

            -Tengo un hambre tremenda. ¡Quiero mucha comida! – Le dijo Mika a las tías que servían comida.

Así las niñas desayunaron, y aunque yo tenía el hambre más voraz de toda mi vida, no tomé ni un trozo de esa tarta de queso que parecía estar gritándome “¡Cómeme, cómeme!” Preferí leer una revista con noticias de la farándula que no me interesaba saber. Pero es que Gina no leía nada bueno, además de la sección de finanzas en el periódico, y solo porque Carl estaba interesado.

Leer chismes en lugar de comer. Si mi madre estuviera aquí y se preocupara por mí, me habría visto, me habría regañado y me habría hecho comer. Pero solo tenía a mi padre aquí y… no aquí, si no con mis tíos preparando el asador. Era temprano, más o menos  las diez de la mañana; pero no tenían nada mejor que hacer, supongo.
 La casa de mis tíos era mejor que la de Estela. Porque de alguna manera esta si se sentía como un hogar cálido y reconfortante. Con cinco niños corriendo por todas partes, todos los días, supongo que hacían del ambiente algo más feliz.

Jeff, Laura, David, Lucas, Edwin. Mis primos anfitriones. Comenzaban con él mayor de diecinueve, luego ella de quince, siguiendo con once, cuatro y el bebé de cinco meses de edad.

A pesar de que los escuchaba gritar y jugar, mi falta de alimento se lo cobró dejándome dormida en el sillón con la revista en mi regazo.

            -¡Lily, vamos a comer!- Me gritó Keyla en el oído. Despertándome.

Las pequeñas gemelas estaban ahí observándome y tirando de mí para llevarme al patio donde la “celebración” había comenzado, hace un buen rato según pude ver. Miré desconcertada las paredes en tonos mate despabilándome y encontrando el enorme reloj ahí colgado. 1:21, marcaba. Me sentía cansada. Supongo que era normal. Y mi padre ni siquiera había ido a buscarme.

Si había alguien que me hiciera feliz y cómoda sin falta una sola vez. Era Chase. Juro que si no fuera mi tío… Bueno dejémoslo así. Pero sí que es atractivo. Es todo un caballero, es todo lo que cualquier mujer busca en un hombre. Supongo yo. Puesto que no eh tenido mucha experiencia en ese ámbito. Justo cruzaba la sala de estar para –supuse- ir a la parrillada en el patio trasero. Se detuvo un momento para mirar  su alrededor. Detuvo la vista en las paredes, luego en los retratos de sus sobrinas, de su hermano y su esposa. En el enorme cuadro que el mismo pintó y le regaló a Carl para su cumpleaños número 37. Luego miró el sofá que le obsequió cuando cumplió 30. Sonrío ampliamente con aspecto de añoranza, de esos días que pasaba en esta casa. Yo lo sé bien. Es algo que comprendo. Ellos dos eran tan unidos como lo era mi padre con Tom; a ellos los separó el matrimonio de Tom, a Carl y Chase los separó el éxito de Chase en su empleo. Conforme pasaban los años menos se veían, hasta llegar al punto en que ni por una llamada se comunicaban. O quizás dos al año.

Chase es mi tío, pero no lo veo de esa manera, más bien como un amigo, o un hermano mayor, al que no puedo ver seguido por su trabajo. Es tan genial. Tiene veinticinco años, demasiado joven, a como lo juzgo yo, para ser mi tío.
Es de la clase de persona que tiene redes sociales, un departamento genial y una vida de locura. Es impresionante. Supongo que ha tenido más novias que todos sus hermanos juntos, pero es algo que no me atrevo a preguntar. Él y yo nos comunicamos seguido, por teléfono, mensajes de texto, esas cosas. Cuando tengo dudas sobre cualquier cosa, incluyendo tareas incomprensibles es a él a quien acudo. Porque según parece es el más inteligente de la familia. Yo se lo dije, y definitivamente es así.

Dejó de repasar sus recuerdos y reparó en mí y las gemelas que seguían aplastándome sin que yo me diera cuenta, porque me quedé pasmada con la imagen de Chase frente a mí, su camisa negra, sus jeans oscuros. Ese cabello que parece nunca peinar pero que jamás se ve mal. Tiene un color de piel parecido al de Ann, de hecho ellos se parecen bastante; ambos tan distintos de mi padre.

            -¡Hey! ¿Ahora eres niñera?- Me dice al verme con las niñas empujándome y gritando.
            -Algo así, creo- Sonrío, a pesar de que Kennedy ha tirado de mi cabello.

La miro molesta. Chase solo se ríe, le parezco una niña seguramente. Y seguro eso no cambiará. Es mi tío después de todo.

            -Ya quería verte Lily.- Me dice.

Ambos nos acercamos él sin problema, y yo evadiendo a dos muñecas pesadas. Nos abrazamos, me levanta un poco del suelo y sonrío ampliamente.

            -Llegas tarde- Le dije.
            -Y habría llegado más tarde aún de ser posible.- Contesta.
Yo lo comprendo; él no es de reuniones, no de estas al menos. Él sabe divertirse y divertir a los demás, pero no en un ambiente de cuñadas frustrantes.- Además, tuve unos inconvenientes con el auto, ya sabes.
Las pocas veces que nos visita es de lo más entretenido. Pero aquí es otra cosa, lo sé porque él me lo ha dicho, detesta ver a las esposas de sus hermanos y hermana, dice que sin ofender a mi madre. Claramente eso a mí me tiene sin cuidado; total que ni siquiera nosotros –mi papá y yo- le importamos.
Así con abrazo y todo entramos a la parrillada, donde todo comienza y termina.

Yo hablaba con Chase, me ponía al tanto, decía que tiene viajes programados para todo el año y quizá el siguiente, todo un chico de negocios. Me da gusto por él, incluso lo felicito. Pero la realidad es que me da algo de nostalgia que no lo podré ver por mucho tiempo. Quizá sea hoy el último día que le vea hasta la próxima vez que esté disponible.
            -Hay que bailar- Me dice Mika al oído.
Salgo de mis pensamientos, Chase fue a saludar a mi padre. Miro a mis primos que supongo que están bailando, no sé, esos movimientos extraños y brincos por doquier no son algo que haya aprendido en mis años de vida. Pero me uno a ellos sin pensarlo, eso quiere decir que Mika y yo estamos bien, que aún en estos tiempos nos necesitamos para complementarnos y que pienso en la diversión antes que en lo que pudiese decir mi adorable tío de mí.
Terminé con dolor de pies y un poco mareada por no comer y esforzarme, pero bien valió la pena; nunca había danzado tanto.

Vi como las hermanas de mi padre peleaban a lo lejos mientras todos mis primos y yo descansábamos de tanto saltar. Al parecer Ann era regañada, pero podía ver que a ella poco le importaba lo que su hermana le dijera. No era raro, a ella jamás le afectaba.

Al parecer toda la familia había entrado en la riña, al menos los adultos. Pude ver como Gina se alejaba del pequeño Edwin, se puso a llorar tan desconsoladamente que no pude dejarlo ahí y fui a abrazarlo, traté de calmarlo pero sólo atraje la atención de Laura y Jeff.
            -¿Qué le haces? – Preguntó Laura.
            -Tu madre lo dejó aquí y no dejaba de llorar.
            -Si como no. ¡Suéltalo y dámelo a mí!
Claro, ahora era yo la malvada que vino aquí para hacer llorar a un bebé. La miré con indignación, era ridículo que una chica menor que yo viniera solo para regañarme, aunque el bebé fuera su hermano, no tenía porque hablarme así.

            -Ni siquiera sabes cómo son las cosas. Cálmate. Sólo quería ayudar – Dijo Jeff en mi defensa, creo.
            -No defiendas a esta Jeff.- Contestó ella.
            -¿Esta?- Creo que eso era bastante descortés.
            -Basta ya niños.- Nos reprendió Chase, que acababa de quitarme a Edwin de los brazos.
            -Genial. – Concluyó Jeff que fue por más comida.
Nunca he podido entender lo que hay en su cabeza, es todo un enigma para mí, jamás he logrado interactuar con él, de una forma humana. Es raro. Pero me apoyó. Y Chase, pues claro, es de esperarse, y lo digo porque prefiere mil veces lidiar con un bebé llorón que con una turba de gente alterada.
            -Gracias- Le digo a mi tío.
Él se limita sonreírme pícaramente. Si no fuera mi tío…, me distraigo por lo que escucho del alboroto que han causado todos.
            -¡Muéstrame tus papeles!-Gritó Mara.
            -Claramente no los tengo Mara ¿Acaso crees que llevo algo así conmigo?- Gritó Estela.
En parte yo estaba confundida. No sabía de qué hablaban realmente.
            -Discuten sobre la herencia.-Me dijo Chase, mientras balanceaba a Edwin.
            -No los entiendo. Todos tienen dinero ¿por qué pelearse por unas cuantas tierras del abuelo?
            -Ese es el problema Lily, tienen tanto, que efectivamente quieren más, siempre querrán más.
            -Bien iremos por más cerveza, tranquilos.-Dijo el tío Carl a lo lejos, invitando a mi padre a que le acompañara.
            -Carl, es tú casa deja que yo valla.-Propuso mi padre. Así es Derek, siempre se ofrece para hacer las cosas.
Carlo no lo pensó mucho. Pareciese que eso es lo que quería que ocurriera.
            -De acuerdo, pero usa otro auto, no gastes gasolina del tuyo.
            -¡Usa el mío!- Ofreció Chase a mi lado.
            -Genial, finalmente correré en esa belleza.
Mi padre parecía extremadamente feliz ante la idea. Chase le lanzó las llaves. Mi papá se precipitó a la salida. Mika y yo nos acercamos a él instintivamente.
            -Llévanos contigo- Pidió Mika, antes que yo.
            -Chicas, tranquilas, no está lejos y quiero correr en esa lindura, saben que yo quería conducirlo, les hablé de eso.
Y sí que lo hizo, no paró de hablar del auto, por lo que me parecieron horas, antes de llegar a casa de Estela.
            -Pero quiero subirme al auto.-Repuso ella.
Hizo la cara de niña buena que siempre hacía que papá aceptara todo. No funcionó.
            -Deja que valla Mika, ven y come un trozo de tarta de manzana. La traje sólo para ti.-Dijo Estela. Así era fácil convencerla.
            -De acuerdo- Dijo, aún no muy satisfecha.
            -Ve amor, volveré pronto.-Dijo él mientras le besaba la frente y acariciaba su cabello rápidamente.
            -Cuídala mientras no estoy, sabes cómo es.- Me guiñó un ojo.
Era así, Micaela no podía permanecer más de dos minutos sin hacer algún desastre donde quiera que estuviera.
            -No hay problema. Pero no aceleres mucho. Ten cuidado.
            -Lil, no voy tan lejos, estaré más rápido de lo que me estoy despidiendo.
A veces él me decía Lil, era el único que acortaba más mi nombre, y me gustaba porque era la manera en que sabía que era única y especial para él.
            -Derek, queremos esas cervezas para hoy.-Gritó Marshall el esposo de Mara.
Que idiota.
            -Ya voy.-Le respondió. Y luego me miró- Es hora.
A veces hay que prestarle más atención a las sonrisas, para aprender a identificar la diferencia entre una y otra. Esta era de despedida, ahí lo comprendí. Besó mi frente, intenté abrazarlo pero debía irse. También sonreí pero no sé si se dio cuenta.

Me dije que volvería más pronto que nada, y me diría entonces lo dramática que fui. Me giré para encontrar a una Mika feliz y reluciente, con su trozo de tarta de manzana.
            -¿Quieres algo de leche para acompañarla?-Le Preguntó Estela.-Pídele un poco a Gina, debe tener en la nevera.
            -¡Sí!-Mi hermana estaba emocionada y hambrienta.
Gina fue en busca de la leche.
            -Ven conmigo, puedes tomarla en la cocina.
Lucas, Keyla y Dana también quisieron ir con Mika a comer sus rebanadas. Yo no sabía qué hacer en realidad, tenía mucha hambre, pero no quería comer. Mi padre no estaba, Mika comía, todos charlaban. Y entonces pude ver la sonrisa de Mara, Estela y…

            -¿Derek se fue ya?-Preguntó Chase alarmado, a nadie en especial.
            -Sí, ¿por qué la pregunta?-Contestó Marshall extrañado.
            -¡Carl! Recuerda, a mi auto no le sirven bien los frenos.
Y ahí fue cuando me di cuenta de que nada estaba bien de verdad. Mis ojos se abrieron tanto que creí que se me saldrían. La preocupación ocupó cada parte de mi ser.
            -Alcánzalo y dile- Gritó Mara. Y lo pensó mejor- Llámale al móvil.
Chase tecleó alarmado, pero su teléfono estaba en la mesa de la comida, allí junto a los pimientos y la cerveza de alguien. Yo sentía que no podía respirar. ¿Qué rayos pasaba y que rayos podía hacer yo?

            -¿Dónde está tu hermana Liliana?
            -Adentro.- Dije sin pensar realmente, no me di cuenta de que era Ann quien preguntaba.
Un estrepitoso ruido me asustó de verdad. Todo fue parecía ir a una velocidad desconocida, escuché a mis primos gritar. Keyla salió disparada con su madre, la miré desconcertada. Se escuchó el resonar de vidrios rotos, y luego algo más que había caído, algo pesado. Ann se apresuró a la cocina, a donde provenía todo, creí que no podía moverme, o iba muy rápido. Miré a los lados, nadie se movía. Chase que no había escuchado el estruendo se quejó.
            -¿Cómo es posible que no lleve su teléfono?
Él corrió hacia afuera. El amigo de Carl – que no había notado- salió también. Carl se apresuró a la cocina, después de mí.

Sentí que todo daba vueltas.
            -¡Carl! – Gritó Gina alarmada.- ¡Dime que le pasa!

No podía creerlo. Ahí en el suelo, tan lejos y cerca de mí. Estaba ella. Mi hermana yacía en el suelo. Micaela estaba en el suelo de baldosas con la mirada perdida, las manos en puños y la boca llena de espuma. Vidrios rotos a su alrededor, resaltando la palidez de su piel; un color sin vida. Esperaba que a pesar de que tenía los ojos mirando al infinito, el leve movimiento de su pecho me dijera que seguí con vida, pero nada. Esperé lo que me pareció una eternidad, pero no se movía ni un centímetro.
Escuchaba voces a mí alrededor, sentí como pasaba Gina con Lucas y Dana a mi costado, pude ver fugazmente como Carl se acercó al cuerpo inerte de mi hermana intentando inútilmente que se moviera. Ann apartó a su hermano de ella. Dijo algo sobre, esperar. Esperar a que la autoridad llegara, no podía oír. Solo los lejanos llantos de los pequeños, la alarmada voz de Gina gritando y suplicando.
Y luego…
La mía, mi voz que había reaccionado a la conmoción de ver a mi pequeña hermana en el piso. Corrí a ella, me dejé caer de rodillas hasta que pude sujetarle la cabeza y los brazos. Grité su nombre.
            -¡Mika, Mika- Esperé respuesta- Mika, Mika!-Grité con todas las fuerzas que pude. Esperé una respuesta que sabía que no recibiría.
La abracé como pude. Grité aún más. No me di cuenta de que lloraba, no me di cuenta de que Jeff apareció; de que me levantaba del suelo y me llevaba lejos de mi hermana. Intenté forcejar, pero mi cuerpo no respondió a lo que pedía.
En el sofá, estaba peor que antes, no entendía porque me sentaban ahí. Esperé. Y solo conseguí que todo fuera peor.

            -¡Carl!-Gritó Chase que había vuelto.- ¡Carl, Derek, Derek tuvo un accidente!
Miré a Chase desconcertada. ¿Mi padre? ¿Acaso él dijo que Derek tuvo un accidente?
Entonces Carl le dijo todo.
Así todos estaban doblemente alterados. Chase no podía ni hablar, el esposo de Mara fue quien explicó a ella, Ann, Carl y Estela que escuchaban atentamente como había sido el aparatoso accidente. Derek se había impactado contra una camioneta, una enorme que apenas iba a dar vuelta en esa calle, al no percatarse de esto, mi padre se impactó contra él. Al no tener frenos, no pudo detenerse ni un poco antes de la tragedia. De la familia del coche, están todos bien. Y mi padre, parece que no se salvó. ¡Estúpidos frenos! ¡Estúpido Chase, que no recordó decirle eso a mi padre!
            -¡No, Derek no, mi hermano no puede estar muerto!-Gritó Mara.
            -No es verdad Chase. No.- Gritó Carl al borde de las lágrimas.
Chase ya lloraba. Y fue a consolarse junto a Edwin. Jeff me miró, pura e inigualable lástima en su mirada.
Y mi vida se apagó en ese instante.
Mi familia. Mi hermana, mi papá. Todo se había esfumado. ¿Por qué ellos? ¿Por qué solo ellos? Si mi familia me iba a abandonar… ¿Po qué yo estaba aquí? Si la vida sabía que me quedaría sola ¿por qué no me llevaron con ellos?
Ya nada me quedaba en este mundo. Nada.
Estaba sola.
¿Por qué no nos fuimos?
¿Por qué teníamos que quedarnos?
Y recordé algo…
¿Por qué Ann ya había sugerido que nos fuéramos?
Fue como si ella supiera que algo malo nos iba a pasar.

Ellos murieron, y yo muerta en vida, con el mayor sufrimiento que creí que llegaría a sentir jamás.


Nota: Actualizo la lista de capítulos siempre que subo uno nuevo ;)

miércoles, 8 de mayo de 2013

Avance - Una historia más, INICIO


Quiero contar que...
Próximamente -no quiere decir que muy pronto eeh- Estrenaré una novela que llevo... desde mis comienzos en la escritura... La primera, la gran idea que le dio paso al resto.
Con la que comenzaré a interesarme por esto de ''escribir''
No revelaré ni el nombre. Pero ojalá les guste tanto como a mi.



Cinco personas
Que cambiarán el curso del universo
Ellos estaban destinados a pertenecer al mismo equipo
El sacrificio de un padre amoroso los ha unido 
Hasta el final de sus días

El enemigo, los atacará. Por siempre.

Y bueno eso de arriba se me acaba de ocurrir. Y les pongo los nombres de los personajes principales.

Emily, Erick, Keisy, Bryan, Jake, Luciana.

El INICIO se ha dado.
Acción, Poderes, Fantasía, Drama, Amor.
Si que me emociona. 
Espero que sea del agrado de todo aquel que se atreva a leerla, advierto que no es para nada corta. Y que espero tener por lo menos 3 secuelas.
Me tome el tiempo que me deba tomar. Llevo casi 7 años planeando, escribiendo y cambiando cosas. Es elaborada y llena de personajes. Valla 7 años y no eh acabado. Bueno... Al menos iniciaré publicando.


Besos!


martes, 5 de marzo de 2013

Capitulo 6 ----- Hanna & Alexa

Así es... cuando creía que no publicaría mas de esto... pues... Dije ¿por qué no? hehehe
y como se estaba ''empolvando en el ordenador'' haha, mejor publicarlo.



6- Hanna

La, la, la, la…
Apretando puños, cerrando los parpados con fuerza, deteniendo el delgado y frío cuerpo de mí casi hermana, lo suelto:
-Lo besé…
Me mira muy poco sorprendida.
         -¿Es en serio?
         -Lo siento… mas bien… él me besó yo no…-Era verdad, yo solo accedí, pero no comencé.
         -¿Por qué te disculpas?
         -Tú sabes por que… No sé, sabes que me gusta, pero sé que no debía… Me siento fatal desde que ocurrió…
         -¿Cuándo ocurrió?
No debí decirlo.
Estoy muerta.

***

Entiendo porque Alexa vive conmigo… Y no me refiero a los arreglos legales que se tienen que sufrir, si no al que yo quisiera que ella estuviese conmigo desde el primer día que se quedó a dormir conmigo hace… no sé, muchos años. Lo que sé es que la quiero, que la conozco muy bien, incluso mas de lo que ella se conoce a sí misma; pero también sé que todos tenemos esos momentos en los que no nos reconocemos y resultamos tener una reacción distinta a lo que se esperaba. Alex no puso mi ojo morado, no me pateo el trasero -no es que  lo hubiese hecho antes- , no me insultó, no se molestó, ni siquiera se inmutó, se limitó a mirarme durante unos instantes eternos.
Estaba en clase de química, analizando detenidamente su reacción, no esa mierda que puso el profesor en la pantalla, hablábamos de los compuestos químicos de los alimentos, eso es algo que no deberían estar explicándome a mi si no a ella, parece que mis profesores no entienden que yo no lleno mi cuerpo con contaminantes poco digeribles, a veces me pregunto como es posible que no aya terminado en un hospital todavía.

Sigo con el tema incluso cuando termina la clase y estoy guardando mis libros en el casillero, sigo analizando a mi hermana –si es que la puedo llamar así- incluso después de que Ray cierra la puerta de golpe para llamar mi atención, ni siquiera me molesto en mirarlo, mi vista está fija en la puerta gris que tengo frente a mi nariz.
         -¿Se supone que eso es común?- Pregunta.
No sé a que intente referirse, no me importa realmente. Cierro los ojos con fuerza. Me sorprende tocando mi mejilla con una delicadeza que me desestabiliza. Soy fuerte por suerte así no me tiemblan las rodillas lo suficiente como para lucir ridícula. Abro los ojos, no quiero que crea que me complace su contacto (aunque sea así).
         -¿Necesitas algo?- Pregunto, alejándome de él y su cálida caricia.
         -No realmente. Bueno, no en este preciso momento, pero si me dejaras volver a lo que estaba…
         -¿No tienes clase? Oh es verdad- Interrumpo- Aunque tuvieses una clase, no necesitas asistir porque ya sabes lo que pretenden enseñarte… Haz vivido mucho. ¿Cómo van a intentar enseñarte sobre el inicio de la historia, si fuiste un de los que la presenció?
Debo admitir que eh sonado drásticamente como Alexa y eso no es del todo agradable. Me siento mal por hablarle así, nunca antes me había dirigido a él de esa manera, siento que no debería tratarlo diferente. No ha pasado tanto tiempo desde ese último día en que éramos amigos, cuando creí que los vampiros eran… bueno ni siquiera pensaba en ellos.
         -Tampoco soy tan viejo.- Dice.
Le sonrío vagamente y me alejo. Solo se acerca a mí por detrás y susurra…
         -No escaparás, debemos hablar sobre lo que pasó.- Y desaparece.

Alexa… ¿Ella también quisiera besar a Trevor, como yo lo estoy anhelando? Si es así, no entiendo porque no sé molestó cuando se lo dije.
El almuerzo pasa sin más ante mis ojos. Compre mi trozo de pizza junto a Alex, tenemos una clase juntas. Vamos a nuestra mesa habitual y Brenna ya está ahí junto a Cail. Janelle llega apresurada con el aliento cortándole la voz.
         -¿Me eh perdido algo? –Ella pregunta y Simon aparece.
         -Justo preguntaba lo mismo.- Él dice.
No entiendo nada al respecto. Miro consternada a mis compañeros. Y luego como por instinto veo más allá.
Seth, Trevor, Ray, Denisse, Wendy y desgraciadamente Ashley están ahí. Me detengo a ver la escena.
Todos ellos, entrando en la cafetería como no lo hacían hace tanto que había olvidado que alguna vez lo hiciesen.
Ninguno mira a nadie, solo caminan como si fueran modelando ropa de se desase con un movimiento en falso. Todos ocupan la mesa del fondo, me parece que uno de ellos –Clay-  hace como un gruñido para alejar a un chico que estaba cerca de su perímetro. Entonces ellos se sientan, comienzan a lanzar miradas al aire antes de iniciar lo que parece será una junta importante, algo que me había explicado Simon con antelación.
Entonces veo a Seth levantarse de una forma algo graciosa, como si de esa forma en la que camina no lo fueran a ver escapar.
         -Han estado atacando sin permiso. Caserías ilegales, lo que mas hace enojar a los altos mandos.- Explica Cail.
Seth sale por la puerta y entonces veo lo que creí dejaría por la paz… Unos segundos después, Megan sale a su encuentro.
No es realmente lo que creí que ocurriría, Seth es fuerte, razonable, y olvida todo cuando está con ella, no sé que es lo que puede llegar a ocurrir cuando está besándola.
         -Este fin de semana fue intenso.- Dice Cail, continuando con la explicación que me eh perdido.
         -Ni que lo digas- Coincide Alexa.
La miro sin entender y ella me mira con picardía.
         -¿Qué ocurrió Hanna? Saliste disparada, no pude hablar mas contigo.- Me distrae Simon.
         -Tenía que irme. –Digo, tratando de que parezca que no le doy importancia.
         -¿Porqué irte cuando podrías haberte quedado ahí para besarte mas y mas?
Eso es lo que estaba debiendo de preveer y no otra cosa, pero no lo pensé en esos momentos. Ahora, estoy con este problema de revelar la verdad através de mis mejillas sonrojadas. Esto no deberían saberlo, pero ahora me miran con esa complicidad desagradable, esa con la que solo miramos a Megan.
Injusto.
         -No sé de que…- Intento.
         -Debes decirme todo ¡¿De que habla Alex?! ¿Qué ocurrió este fin de semana?- Pregunta Janelle con esta sonrisa de par en par que me apena.
         -Tengo esa duda, pero no sé si realmente quier escucharlo.- Informa Cail confundido…
No sé que esperan escuchar.
Voy a decirlo y ya, si se lo dije a ella, contárselo a todos es pan comido ¿no?
Estaba justo por decir algo, tenía mi boca abierta y todo… cuando sus pesadas manos están en mis hombros…
         -Dije que no escaparías, vamos a hablar.- Está tan tranquilo al hablar que me asusta.
         -¿Esto es?- Janelle, es buena sospechando y acertando.
Sacudo la cabeza.
         -Me la robaré un momento.
Brenna se burla a mi lado. Debería ser Megan… no yo. Definitivamente.

Que curioso resulta ver a unas… ocho parejas a lo largo de tu recorrido por el pasillo y el aparcamiento cuando vas con el amor de tu vida, que sabes que no podrá estar incluido en tu vida. Jamás.

         -Antes que nada… Eso… eso fue increíble, y realmente quiero repetirlo.- Dijo.
¿Acaso Ray no sabe que pienso en eso tanto o más que él?
         -¿En serio?
Finjo no tener interés. Pero de verdad que no sé porqué lo hago.
         -Sé que tu también. Así que dejemos de fingir no tener interés.
¿Leyó mi mente?
Eso creo.





Gusto por Sufrir Capitulo ¡40!

Siiii!!!!!!!!!!!!
Iniciando el año con esta historia... Con el capi no. 40!!!!
Y los que faltan... han de pensar que es una historia eterna o algo así jejeje perdón, pero pues... acabará cuando tenga que acabar x3
Aqui el ¡40!


40 En la tormenta


Me dolía el cuerpo. Pero no más que a todos los otros, y no más de lo que le dolía a Lucia haber perdido a Mason.
         -¡No debí dejarte ir!- Repetía Monique una y otra vez.
         -No es nada.- Intentaba calmarla.
Los otros no habían aparecido. Solo Patton, Beth y Jason estaban en la sala. Junto a Monique que me ponía un ungüento en el abdomen para bajar la hinchazón del golpe. Era tan extraño, incluso salía sangre, pero no me dolía. Tomé otro poco para mis brazos y pernas

Beth lamentaba demasiado el no haber ido. El no haber ayudado, creo que el que incluso yo fuera la ponía aun más devastada. Los chicos tenían varios moretones, golpes, magulladuras, pero no se quejaron, en ningún momento.

La lluvia no desapareció. Fui a la planta alta (con ayuda de Jason, pero creo que eso no le agradó) y en la estancia empecé a leer un libro. Todos los que habían eran de Mia o Joe. Todo el reparto de libros olvidados o releídos, eran demasiados; había una gran estantería para todos ellos. Me coloqué en el sofá más grande que vi, había tres, Jason no se fue y se sentó en el más cercano a mí. Desgracia.
¿Por qué me ponía a leer? ¿Por qué razón, si estaba enlodada, sucia y golpeada? Bueno, simplemente por que quería esperar a los demás, y por que no podía entrar en el baño.
         -¡Mel! Ya te había mostrado mi habitación ¿no? Vete a dar una ducha- Me gritó Mia mientras subía los escalones.
         -Oh. ¿No lo harás tú?
         -No, sé que debería pero me tocará la primera guardia, lo haré cuando regrese, no deja de llover y me voy a ensuciar más. No tiene caso.
Jason no dijo nada, solo se quedó ahí mirando el suelo. Patton subió.
         -¡Eres realmente sorprendente!- Alardeó.
         -Claro que no.
         -Oh por favor. No seas modesta. Me sorprendiste, a él también aunque no lo diga.
Señaló a Jason y se sentó en el otro sofá. Ambos se miraron, pero a diferencia de mis amigos, ellos solo se miraron, no intercambiaron nada. Eso me agradó, me sentía cómoda, a pesar de que no parecía caerle bien a Jason, ambos me brindaban una extraña e inconciente comodidad que agradecía por completo.
         -Si, me sorprende que me obligaran a cargarte, cuando te podías venir aquí caminando.
         -Disculpa.- Le dije, la verdad es que yo hubiese preferido volver caminando, pero, mis piernas no estuvieron de acuerdo.
         -Jason, no sabes nada. ¡Que caminara fue gracias a su marca!
Que dijera ‘‘marca’’ me hacía sentir como un objeto, una pieza de exhibición barata. Pero bueno, yo aun no sabía como era apropiado llamarle. Jason solo frunció el seño. Mia salió de su habitación con mi mochila, ella estaba empeñada en que tomara un baño.
         -No tiene sentido que tuviera que traerte en mis brazos. Eres muy floja.
         -¡Disculpa desorientado! Ella no pude caminar.-  Mia le reprochó ¡Que coincidencia, Dick subió con mi silla en mano, la dejó en una esquina junto a la pared.
         -Si. Monique me lo dijo. Lo siento mucho, tu historia si que es complicada- Patton me dijo, lo cual me sonrojó.
A Mia le gustaba Patton. Si salieran, sería una extraña combinación. Rubia con chico raro de cabello corto y de un tono peculiarmente beige. Con afición a la ropa holgada; a pesar de todo eso, era alguien agradable.
         -Ya te lo diré.- Le mencionó Patton a Jason.
Él solo hizo ademán.
         -Si como sea. Tú, entra al baño.- Ordenó Mia.
         -¿Es en serio?- Al tiempo Miriam y Cole subieron.
         -Terminamos el trabajo.- Dijo Cole exhausto.
         -Si, yo me voy. - Anunció Miriam- Derek se va conmigo. ¿Jason?- Me extrañó que le nombrara- ¿Te quedarás aquí o quieres ir a lo de Cole esta noche?
         -Estaré bien por aquí.
         -No hay mucho espacio aquí y no puedes estar afuera, la tormenta va empeorando.
         -No importa, no dormiré.
         -Es cierto. Bien, como quieras.- Miró a Cole de soslayo.
Cole no estaría en su casa y su novia se la ofrecía al chico que acababan de ‘‘atrapar, secuestrar o lo que sea’’, pero no creo que fuese agradable.
Mia tiró de mi y me obligo a entrar en la ducha, por suerte pude quedarme de pie. Me puse ropa suave y cómoda, intentando no lastimarme los raspones. A través de la alcoba de Monique, donde estaba la ducha más cercana, se filtraban las voces de la estancia, se percibía su conversación. Eran como una gran familia, una gran familia discutiendo, bromeando, disculpándose; olvidando los problemas que los asechan, por que estando juntos nada parece poder vencerlos.

Me agradaba estar ahí, pero no podía olvidarme de lo que había dejado: mi familia, mis propios amigos, mis recuerdos, Rodrigo. No me sacaba de la mente a Carrie que me mintió durante demasiado tiempo. Y tampoco dejaba de lado a Zack, quien me confesó lo que realmente es, confiando en mi y yo sin poder confiar completamente en él; dejándolo e ignorando que existe, ignorando su preocupación por mi, dejando de lado sus mensajes y sus llamadas perdidas en mi móvil. A Ethan que, por desgracia siempre supe que me quería en serio y nunca hice caso; siempre seguí con el juego, sin saber en donde era broma y donde realidad. Todo, todo permanecía en mi mente y sacarlo significaba un dolor imperdonable. No podía y no iba a hacerlo; a todos los quería, hasta la última persona que conocí.
Ellos eran resquicios aun frescos en mi memoria, partes valiosas de mí ser.
Salí para poder irme a la cama de Mia. Su habitación era la más cómoda, cálida y pequeña de todas; con un gran ventanal en lugar de pared. Esta noche no estaría en casa y yo tomaría su habitación prestada.
Miriam se había ido. De hecho no quedaba nadie en la estancia. Abrí la puerta aferrándome con fuerza a la perilla. Girar y entrar, parecía sencillo. Encender el foco era lo complicado. No me percaté de nada hasta que cerré la puerta poniendo el pestillo.
Al girar lo primero que atrajo mi vista no fue la cama (por ser lo de mayor magnitud) si no el chico mas al fondo. Jason estaba allí.
         -¿Qué haces aquí? ¡Sal ahora!
         -¡Bien, pesada! No creas que pensaba hacerte algo. Ni que tuvieras tanta suerte.
         -¿Disculpa?
Eso si que me indignó, pero no debió ser así.
         -Bueno, es que te alteras solo por que quieres.
         -Y… ¡¿no debería?!
         -¡No!- Fue un regaño que ni de mi madre recibía en años.- Primero escucha por que estoy aquí y luego te alteras como loca. ¡Por lo menos!
         -Pues habla de una vez, así mas rápido te vas.
         -Venía a disculparme por molestarme contigo, burlarme sin saber lo que te pasaba Y… -dio un gran énfasis ahí- por decir que estás pesada. Si lo estás, pero no debí decirlo.
         -¡Ja! Y por una milésima de segundo pensé disculparte… ¡Largo!

Soltó una risa maniaca. Abrí los ojos como platos, él estaba loco no yo. Se puso en una pose de macho altanero y se encogió de hombros.
         -¡Hay por favor! No espero que me disculpes, yo cumplí.
Se acercó a mi, no, a la puerta, yo la obstruía.
         -Deberían revisarte la quijada, aun estás sangrando.
Él miraba la perilla aun aferrada a mi mano. Pero con mis palabras me miró directamente a los ojos. Sentí decepción y emoción al instante. Decepción; por que su mirada me electrificó mucho más que cualquier otra, más que la de Zack o Rodrigo alguna vez. Emoción; por que así fue.
         -Lo haré.- Dijo fríamente. Miró de nuevo la perilla, mi mano seguía allí.
Yo no despegué mi mirada de su rostro. Mis ojos eran tan buenos cuando querían. Que deduje mucho con solo mirarle, como hacía siempre.
         -Ya nos habíamos visto ¿no?
Hizo una mueca. Seguida de una sonrisa irónica.
         -No. No desperdicie estos meses mirando a personas lamentables.    
         -Gran intento. Pero no evades mis pensamientos con eso. Yo ya te eh visto.
         -Pues que afortunada, por que yo a ti nunca.
         -¿Qué eres realmente?- Le dije fascinada. Ahora su mera presencia era algo inquietante, más nuevo y fascinante.
         -Un Eternit.- Apretó los labios, evitando el temblor en ellos.
         -No es cierto.
         -Si, si lo es. ¿No querías que me fuera?
Sujetó la manija, solo logró electrificarme tocando mi brazo. Bajé mi vista miré la escena de nuestras manos y volví a mirarle de frente. Nunca le tuve miedo, en ningún momento de este pequeño lapso de tiempo.
         -Tú fuiste a la ciudad. Y cuando le dije a Ethan que sentía a alguien mirando… no era Deborah o Lerk… Eras tú. ¿Por qué?
         -¿De qué hablas?
         -No nos conocemos. Y según sé, tampoco conoces a los shadows. ¿Para qué nos vigilabas?
         -En serio chica estás mal.
         -Oh. ¡Y ahora resulta que ni mi nombre sabes!
Solté la perilla y apreté sus hombros lo adherí a la pared y calló sentado en el asiento de cuero cerca de la puerta. Recurrí a la silla más próxima (la única) y la puse en la puerta. La otra salida era por la puerta de cristal, pero estaba colocada de forma que nadie pudiera abrirla.
         -Si eres un Eternit…- Con los codos en las piernas acerqué mi cabeza, él se negaba a voltear.- ¿Por qué no tengo la misma conexión contigo que la que tengo con Patton?
Soltó una risa seca.
         -Solo lo dices por que él te habló y gritó lo de la marca. Pero te informo que ese chico le habla a cualquiera, le fascina convivir con desconocidos que parecen agradables.
         -No hablo de eso y lo sabes.- Arrojé la mirada mas amenazadora que pude.- Bien puedes no confesarme pero… no me dormiré hasta que lo hagas, esto nos puede llevar horas, no importa. Tengo la ventaja de que tanta droga en mis venas me hace perder el sueño fácilmente.
         -¿Te drogas?- Lo fulminé con la mirada- Ya sé, ya sé. Hablas de medicina.
         -Idiota.
         -Lo que sea. Haber quien cae primero. Secuestradora, maniaca.
         -No eres un lobo, no eres Eternit y obviamente Shadow tampoco… ¿Qué?
         -Soy un Eternit ¿Bien? No soy quien dices que vio a no sé quien.
         -¡Si lo eres! Y la mejor prueba es que y te soñé.- No debí soltar eso, tarde para arrepentirse.- Ya sabes eso de los Eternit y sus locas visiones…- Fingí reírme.
         -Obvio lo sé. Por que soy uno…
Curioso, era un prospecto de discusión pero no gritábamos o nos alterábamos de más. No estábamos tensos o nuestros nervios iban a explotar. Gritábamos pero por lo bajo, y a pesar de todo me sentía a gusto platicando con él.
         -Lo que sea. Yo puedo soñar con las personas que no son… humanas y las sueño antes de conocerlas. ¡Y soñé contigo!
         -¿Y? Eso no dice nada.
         -¡Te sentí! En el sendero para ir a mi casa… ese eras tú.
         -No. Y estás muy zafada.

¿Quién puede ganarle a gente así? No sé, pero no me daba por vencida; eso quería, continuar.
         -Si, cree lo que quieras, pero sé que eras tú.- Susurré inculpándole.
         -Eso debía decírtelo yo a ti. ¡Cree lo que quieras!- Rió sarcástico- Eres rara.
Le dediqué una enorme y posiblemente aterradora sonrisa.
         -Si, eso te ha de encantar ¿no?
No dijo nada, solo me sonrío.
No me paré ni un momento. A veces lo miraba a veces miraba la ventana, otras no sabía de mí, otras sacudía la cabeza evitando el sueño.